El misterio de la cajita de plata

    Aquella fría mañana de invierno, la gente se arremolinaba a la puerta del cementerio. Michelle observaba cómo descendía lentamente el féretro de su abuelo George y colocaban una pesada losa de mármol encima.  Tras el funeral, el reverendo John Kaplan sacó de su mochila una caja de madera y se la entregó a la joven. —Michelle.  Esto me lo dio tu abuelo para ti.  En su interior hay una cadena de oro de cuyo extremo cuelga una pequeña caja de plata. Me dijo que no te separes nunca de ella porque te puede ayudar en momentos de peligro. También me pidió que solamente la abras en casos de verdadera necesidad. —Gracias reverendo —respondió con lagrimas en los ojos. Durante el tortuoso viaje de regreso a Londres, Michelle pensaba una y otra vez en las experiencias vividas en el pequeño pueblo del sur de Inglaterra junto a su abuelo.  Se preguntaba qué podría contener aquella caja de plata que le había dejado  como única heredera de la familia.  Al llegar al piso compartido con una bailarina y un estudiante de derecho, entró en su habitación y rompió a llorar desconsoladamente. Dos días más tarde se incorporó a su trabajo de camarera en el bar de Kings Road y reanudó sus estudios de informática en la escuela situada junto a St.Anthony.    El viernes por la tarde Kevin —su novio adinerado— aparcó su flamante BMW cerca del apartamento de Michelle y la llamó al movil.  Varios minutos más tarde, ambos se dirigían a Portsmouth a pasar el fin de semana en el chalet de los padres del joven. Dos horas más tarde llegaron a su destino. Al...

Muerte en la Calle Velázquez.

CAPÍTULO 1.    Aquel miércoles de agosto en Madrid Sara Moyano se dirigía en taxi al trabajo. Su vehículo estaba en el taller y hasta el viernes no se lo entregaban. Sentada en el asiento trasero, las grandes gafas de color marrón oscuro disimulaban su mirada perdida. Pensaba una y otra vez en la fuerte discusión que tuvo con Miguel la noche anterior. Recordaba los múltiples reproches que se hicieron cuando su marido le enseñó las fotos de la agencia de detectives Investing Group. En ellas se veía a Sara abrazada a Nicolás fundiéndose en un beso apasionado.   Sara no podía explicarse cómo se enteró de su infidelidad. Sus magníficas dotes de actriz habían mantenido en secreto su relación durante el último año. La gran humillación que sintió al haberse quebrantado su intimidad la enfureció. Aún resuenan en su mente las palabras que le dijo a su marido: ¡Llevas 5 años sin hacerme caso!. ¡Me ignoras continuamente!. ¡Siempre estás fuera de casa y cuando estamos juntos no haces más que despreciarme!. ¿Te mofas de mi trabajo!. ¡Aprovechas cualquier ocasión para ponerme en ridículo delante de tus amigos!. Sólo te importa tu trabajo y tus escarceos amorosos en el hospital.   Yo nunca te he puesto un detective privado para darme cuenta de que me has sido infiel desde hace años. Me basta con mirarte a los ojos y ver tus reacciones cuando te intentaba besar. ¡Estúpido! …… El conductor no quitaba ojo a la mujer por el espejo retrovisor. Comprobó cómo alguna lágrima se escapaba sin permiso, bordeando aquellas gafas de sol. Al sentirse observada, Sara miró al taxista y no...